Esta es nuestra Misión:
•  Servir a nuestros colegas asociados.
•  Servir a los que demandan nuestros servicios profesionales.
•  Servir a la Sociedad Mexicana

Estos son nuestros Objetivos:
•  Realizar acciones necesarias para lograr mantener y acrecentar la imagen del Contador Público.
•  Proporcionar a los asociados todos los elementos tendientes a complementar su capacitación integral.
•  Desarrollar la Investigación necesaria para conservarnos a la vanguardia de las organizaciones Colegiadas.
•  Defender los intereses de la profesión en lo general y de los asociados en particular.
•  Mantener comunicación con los asociados, con los consumidores de nuestros servicios y con la sociedad en general, mediante la utilización de los medios orales, escritos y técnicos en general .

Historia
La Contaduría a través de la historia
Desde la invención de la escritura, el hombre vio en ella una alternativa para trascender y comunicarse; fue una herramienta que le ayudó a llevar un control de su vida diaria, de su relación con otros individuos; datos de su devenir económico.

Posteriormente, al inventar los números, la humanidad tuvo la necesidad de dejar constancia sobre algunos hechos aritméticos; resultado de su nivel de desarrollo en comunidad, los cuales no podían depositarse por completo en el poder de la memoria. Cada nueva actividad que desempeñaban las personas deberían ser registrados para tener un mejor control de los bienes.

Los reyes, los sacerdotes y los mismos ejércitos recurrieron a la contabilidad de los tributos y las armas, que definirían, a final de cuentas, el grado de su poderío. Pero en el caso de otros pueblos, no tan desarrollados, la escritura o numeración no fue tan avanzada, por lo que recurrieron a otro tipo de herramientas para tener un cálculo de las cosas.

Las civilizaciones más avanzadas llegaron a crear leyes o normas que rigieran las transacciones entre las personas, garantizando la tranquilidad y el orden que dieron paso a la expansión territorial y económica de los grandes pueblos, sobre todo aquellos que dependieron de su comercio con otros territorios.

La acumulación de capital y su reparto resultó ser uno de los aspectos más importantes que distinguió a una sociedad avanzada, reflejándose en la armonía que tenían sus habitantes para poder disponer de sus bienes.

Gracias a este avance contable, algunos organismos de la misma sociedad, tal es el caso del clero con todo y sus templos, adquirieron el poder suficiente para que los individuos pudieran depositar sus bienes o ganancias sin temor a ser despojados de ellas; fungieron como verdaderas instituciones bancarias.

Ahora ya se podía hablar de contratos, convenios, compras, ventas, etc., las cuales se plasmaban en un papel; un simple escrito que englobó todos los años de búsqueda y estrategias de entendimiento entre los hombres.

Los pueblos mesopotámicos utilizaban ya el ábaco para facilitar la realización de las operaciones aritméticas, que fueron sumamente laboriosas en todas las épocas, hasta la relativamente reciente introducción universal de la actual numeración arábiga.

La costumbre de insertar la plancha cerámica en una varilla, siguiendo un orden cronológico, creó verdaderos libros de contabilidad.

Grandes civilizaciones como la egipcia, la griega o la romana establecieron las bases principales, a nivel mundial, para administrar mejor los recursos, de allí su marcado crecimiento y que es relatado por la historia.

En estas naciones surgieron los primeros grandes pensadores y estudiosos de las ciencias, quienes aprendieron de los avances de la humanidad y lo retribuyeron en beneficio de sus pueblos.

Antecedentes de la Contaduría en México
Ya para la época prehispánica, la administración del tributo y el trabajo fecundo del pueblo Mexica o Azteca representaba una tarea muy importante para el Tlatoani, para ello contaba con un Cihuacoatl, quien se encargaba de supervisar el recuento y distribución de las riquezas que serían repartidas en beneficio de la sociedad.

El Cihuacoatl (del náhuatl cihuatl – mujer y coatl – serpiente) nombre que se le daba a la Diosa de la Tierra, porque les proporcionaba el glifo distintivo de administradores y encargaba de distribuir los frutos a los hombres.

Posteriormente, pero en esos mismos tiempos, la hacienda pública era considerada como una labor obligada para las provincias conquistadas por los aztecas, al exigir tributo a los soberanos de aquellos territorios a manera de impuesto. Cihuacoatl, máxima autoridad fiscal, tenía a su cargo la tarea de llevar el control de los libros que contenían todas las cuentas, y a su vez, éste era vigilado por otro funcionario que se encargaba de velar por la perfecta distribución y el buen empleo de estas contribuciones, de tal manera que ni el mismo jerarca mexica podía tocar esa riqueza.

La función del Cihuacoatl le merecía el título de co-gobernante porque distribuía el tributo para pagar gastos del gobierno, del ejército y de los templos. Era el segundo al mando después del Tlatoani, pero además participaba en cualquier sesión importante y se alimentaba en el palacio o tecpan. Asimismo, se narra que detentaba cierto tipo de poder judicial que le daba privilegio de ser concebido como un juez.

Pero el Cihuacoatl tenía sus ayudantes, quienes detentaban la responsabilidad de cobrar los tributos. A estos se les llamó calpixques o recolectores. Estos indígenas, en algunas ocasiones, eran nombrados gobernantes de los pueblos conquistados que se negaban a pagar tributo, pero que en realidad eran administradores cuando se recolectaba (cada 90 días). Era una sociedad que se apoyaba por completo en el tributo, siendo éste la base de su economía.

Antes de la conquista, España contaba con un organismo fiscalizador de las funciones de la hacienda real mismo que dio origen a otro que se instauró para el Nuevo Mundo bajo el nombre de “Tribunal Mayor de Cuentas de la Nueva España ”, quien vigilaba los ingresos y gastos de expedición de Hernán Cortez y además le obligaba a contribuir con el 20% de sus ganancias en oro, plata, piedras preciosas, etc.

En 1521, los conquistadores organizaron a la sociedad indígena, y por lo tanto, a la economía, a partir de los conocimientos europeos y de los que ya existían, llegando a formar un complemento muy funcional.

Una vez que los españoles impusieron su gobierno, se dispusieron a establecer la Real Hacienda , quien, durante tres siglos, se encargó de regir la vida fiscal del territorio mexicano, así como a regular las políticas financieras. Ya para estas épocas se podía hablar de la distribución del trabajo fiscal, es decir, para cada función había un encargado, entre un tesorero, un contador, un administrador y un inspector. Muy pronto se cambió el tribuno en especie a efectivo.

Tras la conquista, los tributos indígenas representaron una fuente muy importante de ingresos a la corona, pero que decayó en un exceso, trayendo una serie de problemas que concluyeron con la intervención de las órdenes mendicantes, quienes apoyaron la creación de nuevas leyes de protección a los indios.

Tres siglos después, en 1824, la lucha de Independencia trajo consigo la emancipación de un pueblo eclesiástico, quien se convirtió en una sociedad civil, por lo que requirió de la formación de instituciones regidas por el nuevo Estado, dando origen a la Contaduría Mayor de Hacienda, dependiente de la Cámara de Diputados.

En 1829, el Estado mexicano como tal, logra la consolidación de la Contaduría Mayor de Hacienda, al facultarla para autorizar los cortes de caja de la Tesorería General de la Federación, registro de los libros que ésta tiene en su haber, así como contar con una relación de todos los contadores, comisarios y recaudadores de fondos.

Posteriormente, las luchas civiles que se suscitaron en el país mantuvieron estancadas las actividades hacendarias, pero ello no impidió que la Contaduría Mayor de Hacienda preservara sus funciones, por lo que en 1904 se promulga la Ley Orgánica de esta Institución, misma que tuvo una vigencia por cuatro décadas y fue renovada hasta el año de 1978, ya que para 1999 se hacen oficiales las reformas constitucionales que amparan a la Ley de Fiscalización Superior de la Federación, actualizando su nombre un año después como Auditoria Superior de la Federación.

Época Moderna
A finales del siglo XVIII, la situación mundial empieza a transformarse a partir de la diversificación comercial, la apertura de nuevos mercados y el impulso industrial. Ante estos requerimientos, la educación básica ya no es suficiente, por lo que es obligatorio la aparición de institutos técnicos.

En Alemania, por ejemplo, se crearon las primeras escuelas públicas de enseñanza industrial y otras de enseñanza comercial, aunque se especula sobre el verdadero origen de este tipo de planteles, ya que también se habla de que en Francia nacieron colegios de “artes y oficios”, cuyo principal objetivo era distribuir conocimientos de carácter práctico – industrial. Se habla entonces de una educación especial.

A principios del siglo XIX la industrialización del mundo estaba en pleno apogeo. Grandes estudiosos de la economía de las naciones generan nuevos cambios en la forma de administrar los excedentes nacionales, asimismo en las actividades contables. Nuevas estrategias y documentos surgen con la finalidad de llevar una mejor administración de las riquezas, por lo que es necesario la preparación y actualización de quienes están encargados de la Contaduría Pública.

Estudiosos como Adam Smith y David Ricardo, padres de la economía moderna, fueron quienes dieron principio al liberalismo, y éste, a su vez, da forma y modo al concepto y uso de la Contabilidad, marcando un sin precedente en los principios que rigen a la disciplina.

La gran ventaja de diseñar y utilizar el Diario – Mayor fue el reunir en un solo documento los conceptos o movimientos cronológicamente ordenados, llegando a clasificar todo el cúmulo de las cuentas con sus cargos y abonos, ahorrando con ello un valioso tiempo.

Es en este siglo XIX que el auge económico trajo un mayor auge a las prácticas contables, en cuanto a todas aquellas agrupaciones encargadas de impartir dicha profesión. Es por eso que los centros docentes, los mismos profesionistas y las autoridades fiscales de cada nación, hubieron de adaptarse a los cambios sustanciales que el progreso demandaba.

El italiano Fabio Besta, también conocido como el padre de la Contabilidad Moderna , fue uno de los teóricos que dio forma a la nueva teoría contable, también conocida como: “Teoría Positiva del Conto”, que reúne una serie de estudios históricos relativos a la Contaduría. Es así, que el propio Besta da su primera definición sobre esta disciplina: “La Contabilidad es el medio de una completa información referente a dinero, cuentas recibidas, activos fijos, intereses, inversiones, etc., y es evidente que una rápida y certera información, es imposible sin asentar en el mismo lugar las mutaciones ocurridas en cada uno de estos objetos”.

Para el moderno padre de la Contabilidad, las entradas y salidas de dinero de una empresa reflejará el grado de cambios financieros, buenos o malos, que aquella reportará en un periodo determinado.

Por otro lado, Leopoldo Sabatini, en su artículo “La enseñanza comercial superior”, dice que la educación, en general, responde a la necesidad de toda sociedad, por lo que las escuelas deben generarse de acuerdo a las posibilidades políticas, económicas y sociales de cada nación.

Sin embargo, en la primera mitad del siglo XIX se derrumbaron las barreras comerciales tradicionales; pudiendo adjudicar este fenómeno al desarrollo de nuevos estados americanos cuando se independizan de España y Portugal, con lo que se amplían las expectativas mercantiles del mundo europeo, pero en especial de Gran Bretaña, país cuyo desarrollo industrial le otorgaba enormes posibilidades de expansión comercial.

Se eliminan restricciones marítimas y comerciales que monopolizan el comercio. Es el auge del mercantilismo. Nuevamente Inglaterra queda a la cabeza de este movimiento convirtiéndose en un potencia mundial a nivel comercial e industrial, liderazgo que le duro muy poco, ya que varios países europeos y Estados Unidos empiezan a desarrollar su industria con gran fuerza, a tal grado que se distribuyen en varias partes del mundo, entre ellas México.

Es justo aquí, cuando nace la necesidad de contar con expertos en materia de cultura comercial, razón por la cual se crean numerosas escuelas especiales, que en muchos casos, eran los mismos gobiernos quienes se encargaban de esta tarea educativa, llevándola más allá de sus fronteras por miedo a que pudiera afectar a su desarrollo comercial.

Estas primeras escuelas, que en un principio fungieron como centros de capacitación , evolucionaron a partir de la intensificación de la vida económica de cada país, hasta llegar a la profesionalización superior, como en los Estados Unidos y Gran Bretaña.

Inicio y Desarrollo de la Contaduría Moderna en México
En nuestro país, el desarrollo de esta rama educativa sigue los mismos requerimientos que en el resto de los países europeos y el mismo Estados Unidos, aunque de una manera desordenada.

Este proceso inicia con la Independencia, cuando se rompen los moldes económicos tradicionales, al igual que con los educativos.

Dentro de las primeras medidas a transformar estos moldes está la supresión de los gremios, ya que todo ciudadano mexicano tenía la libertad de formar establecimientos de instrucción, tales como politécnicos, preparatorias para artillería, ingenieros de minas, caminos, puentes, canales, geógrafos y de construcción naval, y claro está, escuelas de comercio, pero en estas últimas el proceso de creación fue más lento, por lo que en su lugar aparecieron institutos, con lo que se pretendía eliminar a todas aquellas corporaciones que recordaran el pasado colonial.

La mayoría de estos institutos se abrieron en el interior de la República, durante la primera década independiente de nuestro país, donde se sentía que era mayor la necesidad de crear centros de enseñanza superior.

La aparición de los institutos se realiza en dos etapas: la primera se da en la euforia independentista y la segunda, durante la República instaurada.

Los institutos manejaron materias de tipo técnico como taquigrafía, talleres, etc., completamente distintas a las de los planteles educativos tradicionales.

Desafortunadamente, eran tan amplios los estudios de los institutos, que muchas veces los alumnos no terminaban por completo el plan o se cancelaban los cursos por falta de estudiantes. Un grave problema fueron las continuas interrupciones a consecuencia de los conflictos de esa época.

En el año de 1845 el Tribunal de Comercio de la Ciudad de México, estableció la primera escuela de enseñanza comercial, bajo el nombre de Escuela Mercantil, quien se vio paralizada por algún tiempo debido a los cambios políticos de la época y a la guerra suscitada con los norteamericanos.

El 28 de enero de ese mismo año, por decreto de Antonio López de Santa Ana, se funda la escuela de Comercio, la cual subsistió hasta la caída del imperio de Maximiliano, dado que, para el año de 1868, con el gobierno de Don Benito Juárez, se da una reorganización de la enseñanza pública, para lo cual se inaugura la Escuela Superior de Comercio y Administración.

Tres años más tarde, 1871, los logros de esta Institución educativa quedaron más reglamentados y formalizados, dando origen a la carrera de contador, obedeciendo a los requerimientos del país provocados por la supremacía de profesionistas extranjeros.

Como podemos recordar, la Escuela de Comercio impartía estudios elementales, hasta la carrera de contador, en que la enseñanza fue sistematizada y se agregaron nuevas materias a los programas de estudio.

El 25 de mayo de 1907, Don Fernando Diez Barroso celebró el primer examen profesional, que amparó los conocimientos profesionales de la carrera de Contador.

Para 1917, y buscando el reconocimiento ciudadano, un grupo de contadores titulados crea a una de las primeras agrupaciones de profesionales contables bajo el nombre de “Asociación de Contadores Públicos”, pero dado el éxito alcanzado a partir de sus fines, en octubre de 1923 se transformó en el “Instituto de Contadores Públicos Titulados de México”.

Pero lejos de dejar complacidos a muchos, se optó por dar vida al “Instituto Mexicano de Contadores Públicos”, el 12 de septiembre de 1955.

Recordemos que el auge industrial seguía en aumento. Las empresas extranjeras que empezaban a invertir en México desconfiaban de la preparación del contador público mexicano, por lo que el ejercicio de esta profesión en el país fue muy penoso y las transnacionales optaban por incorporar a sus filas a contadores extranjeros, especialmente norteamericanos e ingleses. Pocos o nadie creía en los profesionales mexicanos.

Luego entonces, los grandes negocios en nuestro país, principalmente foráneos, contrataban a su gente de confianza, obligando al contador público nacional a elegir entre dar clases, trabajar para la Administración Pública o como contadores privados de algunas empresas. Se sembró una idea desalentadora de la profesión, así como un ambiente de fracaso y desencanto en los primeros contadores de México.

Los más osados profesionistas optaron por crear sus propios y modestos bufetes contables, a la vez que se planteaban la necesidad de renovar su preparación profesional, y la Escuela de Comercio – principal institución académica en la formación de contadores- no se encontraba a la altura de los nuevos requerimientos, por lo que muchos profesionistas optan por hacer viajes de estudio al extranjero o leer libros escritos en otros países.

A principios del siglo XX, muchos contadores titulados tomaron la iniciativa de agruparse en Institutos y Colegios con la finalidad de contar con una personalidad jurídica y de prestigio, respaldada con la exigencia de un carácter ético y técnico con miras a la excelencia.

Muchos lo hicieron en aquellos cuyo liderazgo estaba en manos de profesionistas norteamericanos o ingleses, con lo cual se garantizaba la seguridad del desempeño de las empresas extranjeras, impidiendo con ello la autonomía y superación de la Contaduría Pública mexicana.

En 1959, las autoridades hacendarias del país establecen como norma oficial, a nivel nacional, que todo contador público que pretenda dictaminar los estados financieros de cualquier empresa deberá estar inscrito de manera activa en un colegio contable, con el objeto de actualizar sus conocimientos, además de permanecer al tanto, de manera fehaciente, de los comunicados oficiales de la federación en relación con el área de la Contaduría.

Debido a que en la economía mexicana ya prevalecía una notable inversión extranjera, la enseñanza y los despachos anglosajones guardaban cierta preponderancia en cuanto a la forma y por quienes debían llevar los asuntos contables de esas empresas, pese a que en el país ya existían contadores nacionales muy destacados, fenómeno que generó que algunos contadores inconformes optaran por rescindir su membresía del Instituto Mexicano de Contadores Públicos.

C.P.C. Jaime Bladinieres Jiménez
1972-1974
1980-1982
Asociación Mexicana de Contadores Públicos
La Fundación

Para el año de 1971 la idea de separarse del Instituto Mexicano de Contadores Públicos toma mayor fuerza, dado a que violaba los derechos de contadores mexicanos, además de que otorgaba ciertos privilegios a la enseñanza sajona y a las oficinas contables asentadas en territorio nacional, que en su mayoría eran lideradas por firmas extranjeras.

Existía una marcada dependencia a la Contaduría de los Estados Unidos, la cual hizo su aparición allá por los tiempos del presidente Don Porfirio Díaz, haciendo alarde de que su presencia era menester a enseñar una nueva profesión, pensando que esta carrera fue hecha por extranjeros (ingleses y norteamericanos).

La controversia era muy simple: no existía la plena confianza en los profesionistas contables mexicanos, quienes luchaban por alcanzar una preparación superior, así como un reconocimiento para la toma de decisiones dentro del Colegio al que pertenecían, pese a que se hacía alarde del sistema democrático que imperaba dentro del Instituto, pero que, por el contrario, violentaba los derechos de quienes aspiraban a ocupar la presidencia del organismo.

Es así que un grupo de Contadores Públicos decididos a cambiar la historia de la Contaduría Pública de nuestro país, optan por fundar un nuevo Colegio que brinde las garantías necesarias a todos aquellos profesionistas contables que aspiren a la superación y al reconocimiento de sus ideas, así como a una representatividad frente a las autoridades fiscales mexicanas.

El trasfondo de todo el problema se ve reflejado cuando en 1971 varios contadores, encabezados por Jaime Bladinieres Jiménez, Luis González Dávalos, entre otros, hacen patente su voluntad de competir por la presidencia del Instituto, apegados a los estatutos que regían al Colegio, para lo que hacen valer su posición a través de diversos artículos que pretenden puntualizar el desempeño de la contaduría pública en México. La respuesta fue obvia. A este manifiesto se le adjudicó el significado de herejía.

La disidencia optó por crear una planilla que contendiera abiertamente por la presidencia del Instituto, ya que hasta ese entonces el control del Colegio se manejaba a partir del principio del “compadrazgo”, sin importar una reelección o la experiencia de una débil administración. La nueva plantilla fue objeto de fraude, con lo que se restablecía el antiguo manejo del organismo.

La elección fue ganada por los mismos candidatos del Colegio, ya que los despachos americanos recurrieron a la argucia de obligar a sus socios a votar bajo consigna, para no guardar ninguna sospecha que pusiera en entredicho la legalidad de su triunfo. No se puso en duda la elección.

Ante estos desalentadores resultados, la disidencia, quien contaba con más de cien socios o adeptos, optó por iniciar los trámites que dieran origen a un nuevo Colegio; uno que cumpliera cabalmente con las aspiraciones profesionales de cada uno de sus agremiados, pero lo más importante, crear y hacer crecer el nacionalismo de la Contaduría Pública mexicana.

De haber ganado la presidencia y la vicepresidencia del Instituto, como ellos opinan, seguramente durante los dos únicos años de mandato hubieran tenido grandes obstáculos para plantear sus propias ideas, y de todas maneras hubiera triunfado el monopolio extranjero.

Luis González Dávalos, Jaime Bladinieres Jiménez, Ricardo Du Tilly, José Antonio Fernández Arena, Daniel Ramos Sánchez, entre otros, fueron los precursores de ese nacionalismo que brindara los valores necesarios al nuevo Colegio, respaldados en Estatutos, Reglamentos y un Código de Ética.

El Contador Público Jaime Bladinieres fue el primer presidente de este nuevo Colegio de Contadores, que inició sus operaciones bajo el nombre de Asociación Mexicana de Contadores Públicos, Colegio Profesional en el Distrito Federal A.C.

Como primera tarea del contador Bladinieres Jiménez fue la de investigar el real sentido de la Contaduría, tanto en México como en otros países, con el fin de comprender el origen y función de cada uno de los términos contables que regían a la profesión, a partir de los principios universales de la Contabilidad.

“Se tenía establecido la independencia mental del contador público”.

•  Cómo profesionista independiente el contador público está obligado a postular su verdad sobre el estado financiero de una empresa y no manifestar lo que la empresa desea escuchar (Código de Ética).

•  El contador público es independiente, mental y económicamente, sin venderse a los intereses de su cliente para presentar situaciones financieras no reales y que puedan perjudicar a terceros.

Los dos primeros años de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos fueron decisivos, sobre todo para aquellos que estaban dispuestos a pertenecer a ésta, teniendo en cuenta que tan solo podían formar parte de un Colegio de agremiados.

La solicitud formal y válida para fundar la Asociación tomó algún tiempo, pero se concretó con éxito, misma que fue avalada por Manuel Rodríguez Rocha.

Pero una asociación no se logra sin los fondos suficientes para hacer valer sus funciones, por lo que uno de los impedimentos más importantes fue el económico. La Asociación debería contar un recinto oficial para desempeñarse como un organismo formalmente establecido.

Ya que todavía no existía el cobro de cuotas, los fundadores se vieron en la necesidad de aportar, individualmente, la cantidad de 50 mil pesos y establecieron su centro de trabajo en la calle de Guanajuato en la colonia Roma , pagando renta y consiguiendo muebles para oficina y un salón de actos, acondicionado con sillas de 50 pesos cada una.

Desde un principio, el presidente en turno de la Asociación debería ocupar el puesto de manera honorífica y por elección.

Una vez que la Asociación Mexicana de Contadores Públicos creó su código profesional fue copiado por otros institutos, incluso en la misma forma en que se propuso fuera la nueva enseñanza de la contaduría en México.

Es en este primer período cuando surge la publicación oficial de la AMCP, la cual contiene la opinión de connotados contadores que brindan su punto de vista sobre ciertas disposiciones fiscales. La portada para los dos primeros números corre a cargo de un artista cubano que engloba la percepción del Colegio, tomando en cuenta el marcado nacionalismo que se pretende promover en todo el país y que es promovido a partir de la siguiente gestión.

Es así que surge el emblema original de la Asociación, pensando en nuestras raíces prehispánicas, pero sobre todo, en el nacionalismo que acababa de nacer. Es así que se toma muy en cuenta la percepción que tuvo el pueblo Azteca sobre la conformación del Universo, dando lugar a “La Piedra del Sol”.

“Realízate en tu profesión. Eso te llena moral, económica y psicológicamente. No necesitas más”.

Jaime Bladinieres Jiménez

 

C.P.C. Luis González Dávalos
1974-1976
Para el bienio 1974 – 1976, dentro de la Asociación se respira un ambiente más compacto y claro. La proyección de este nuevo Colegio surge desde su estructura interna, es por eso que a partir de este período la elección del presidente deberá hacerse a través del sufragio de los mismos asociados.

El contador Luis González Dávalos es el primer presidente electo de la Asociación, la cual, para ese entonces, ya cuenta con un total de 297 asociados y es para este ciclo que se da un incremento considerable de nuevos socios, llegando a establecerse en mil cien miembros.

Por otro lado se consolida la institucionalización y se gana reconocimiento pleno, en todos los ámbitos profesionales, además de que la lucha por una democratización y apertura, en la participación para las nuevas generaciones de contadores brinda una plena seguridad de la seriedad de la Asociación. Ahora es capaz de tratar temas y proponer soluciones a problemáticas de carácter social y técnico, que durante años desvirtuaron a la contaduría pública mexicana, la cual era concebida como elitista y extranjerizante.

En cuanto a los avances institucionales, se destaca la realización de la Primera Convención Anual de la Contaduría Pública Mexicana de la AMCP y el Primer Encuentro de la Contaduría Pública Nacional organizado por el Instituto de Estudios Políticos Económicos y Sociales (IEPES), evento en el que se destaca la creatividad nacionalista de la Asociación.

Pero uno de los logros más importantes es el fortalecimiento de los principales fines de la Asociación, los cuales la mantuvieron a la vanguardia de las conferencias gratuitas, impartidas por verdaderos especialistas y conocedores del tema, sobre las modificaciones a las disposiciones fiscales realizadas por el Gobierno de la República.

Eran los mismos asociados quienes, con una verdadera vocación de servicio, impartían los cursos sobre auditoría y preparación de declaraciones al impuesto del Ingreso Global de las Empresas y personas físicas.

El interés por promover la ideología de la AMCP en la capital de la República y en el interior de la misma, conduce a la formación de dos colegios profesionales en dos estados. Asimismo, se editaron veinticuatro boletines que permitieron mantener la comunicación entre los asociados, manteniendo una actitud absolutamente democrática y en plena libertad, sin omitir una sola de las contribuciones de los asociados.

La estructura material de la Asociación se mantiene gracias a la contribución económica de los mismos fundadores y a su vez con los donativos en especie por parte de los asociados, con lo que se pudo instalar una biblioteca e inaugurar el Auditorio de la Asociación con capacidad para cien personas, el cual cobijó cada una de las sesiones de los días jueves.

A partir de entonces, la plantilla que conformaba a la Asociación mostró un muy notable interés de superación, mismo que incentivaba la vida y progreso de la Institución. Cada una de las noventa y ocho sesiones que se llevaron a cabo durante el segundo periodo en el auditorio del Colegio fueron muy concurridas, en las que los asociados participaban indiscriminadamente, opinando sobre los diversos temas que se trataron.

Los Estatutos y Código de Ética Profesional son impresos en este período, así como los Certificados de membresía para los asociados.

Para la Asociación Mexicana de Contadores Públicos siempre fue y sigue siendo primordial su relación cordial con las Secretarías de Estado, y para este segundo bienio, se tuvo especial contacto con la Secretaría de Educación Pública, la Secretaría de Industria y Comercia, la Secretaría de Patrimonio Nacional, la Secretaría de Gobernación y, en especial, con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Una de las consultorías fiscales que el Gobierno Federal puso a consideración de varios colegios, y en especial a la AMCP, fue la relativa a las Normas y Procedimientos de Auditoría que se manejaban desde tiempo atrás y que eran una vergüenza para la técnica contable nacional, pero que ahora serían sustituidas por Normas y Procedimientos de Auditoria fijadas por el Estado mexicano, dejando a un lado el largo período servil al extranjero.

El hacer valer su punto de vista sobre asuntos fiscales de interés nacional, a partir de un conocimiento pleno del Código Fiscal, robusteció la figura de la Asociación, quien brindó su opinión sobre el anteproyecto del Reglamento de la Ley del Impuesto sobre la Renta.

Un aspecto preponderante que definió la personalidad institucional de la AMCP fue la propagación de su idea sobre la creación de una Contaduría nacional, democrática, anti-elitista, desextranjerizante y nacionalista, misma que fue expuesta en varias universidades del norte de la República, quienes inmediatamente mostraron su apego a este proyecto y determinando su adhesión al Colegio.

Para el termino de su gestión, el contador público Luis González Dávalos emitió un discurso que reafirmaba la vocación de servicio de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos:

“Renovemos nuestra fe en el destino de la Contaduría Pública Nacional. Destaquemos nuestro empeño y esfuerzo para que nuestra actuación como profesionales en contaduría sea más fecunda y las nuevas generaciones sientan, como nosotros, el orgullo de llamarse Contadores Públicos, miembros de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos”.

“Pon al servicio de tus semejantes todo el interés humano y profesional, anteponiéndolo a los tuyos propios”.

Luis González Dávalos

C.P.C. Ricardo Du Tilly Palmer
1976-1978
En el Bienio 1976 – 1978, se incrementó la participación de la AMCPDF en ámbito nacional.

En el sector predominaban las firmas extranjeras, por lo que un número importante de profesionales de la contaduría pública teniendo como marco de referencia los motivos que originaron la fundación de la Asociación, decidieron incorporarse a sus filas. La Contaduría en México no podía equipararse a los sistemas norteamericanos.

La Asociación avanzaba a pesar de que el Instituto Mexicano de Contadores Públicos trató de influir en las autoridades correspondientes para que no le otorgaran ningún tipo de reconocimiento..

Durante este período, la presidencia de la Asociación trabaja en el acercamiento con todo aquel profesionista de la contaduría pública o grupo de colegas con ideales similares, lo que lleva a sus directivos a asistir a convenciones donde se congregaban otros organismos, con resultados muy positivos y alentadores.

En un punto común, la Asociación, al igual que el IMCP luchó por dotar de un Código de Ética a todos los contadores públicos de México. Un Código nacionalista. Se una convivencia entre ambos colegios, llegando a definir y comprender la necesidad de revalorar la profesión.

La Directiva de este Bienio sirvió para que la AMCPDF impulsara fuertemente las ideas nacionalistas, a través de comités y reuniones que trabajaron conjuntamente para unir a la profesión y pugnar por un desempeño, alejado del menosprecio y servilismo al que había estado sujeto a través de la presencia de empresas y despachos transnacionales.

En un ambiente propicio la AMCPDF y el IMCP trataron de definir las normas de desempeño de la profesión.

En el ámbito internacional, la AMCPDF era vista con simpatía. El movimiento nacionalista de la profesión fue contemplado con agrado. La Asociación fue invitada a participar en eventos multinacionales.

La política económica del país requería de nuevos y mejores proyectos, con base en la necesidad obligada, ante la prolífica inversión extranjera. Era menester dejar atrás la dependencia contable.

­Durante el sexenio del Presidente José López Portillo (1976 –1982) se registró un avance considerable de la participación de la Asociación en temas relacionados con la política económica federal, reflejándose en su entusiasta colaboración para establecer los principios de la Contaduría Mexicana.

Para consumar una Reforma Administrativa importante, el Gobierno Federal requierió de la participación de la AMCPDF, que contribuyó con su asesoría para la consumación y aplicación de los lineamientos de dicha Reforma. Existía un reconocimiento pleno de sus capacidades.

A partir de entonces se estableció un freno a las ambiciones extranjeras por retomar el control de los procedimientos contables a nivel empresarial en el país. No era un logro exclusivo de la AMCPDF sino de la contaduría en general, el cual se reflejaría en su bienestar.

“La mejor forma de salir adelante con tantos obstáculos era a través del trabajo. Nadie pensaba en la consolidación de la Asociación, por el contrario, siempre fue objeto de malos augurios; criticada por su fe y empeño por cambiar lo establecido, pero finalmente se consumó una identificación de funciones con otros colegios”.

“México va a ser un país muy poderoso. Sólo requiere de organización”.

C.P. Ricardo Du Tilly Palmer
C.P. C. Manuel Gómez Fernández
1978-1980
A finales de 1978 un nuevo ciclo presidencial dentro de la Asociación da inicio. Desafortunadamente comienza con la cancelación de la IV Convención anual de la AMCP a celebrarse en el Estado de Oaxaca, Oaxaca. Los servicios aéreos entre la Ciudad de México y aquella ciudad fueron suspendidos debido a problemas entre los trabajadores del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y el Gobierno Federal.

Manuel Gómez Fernández recibe una estructura muy pobre, con poco mobiliario y un pequeño auditorio para 50 personas, sacado de las aportaciones que realizaban los asociados por asistir a los diferentes cursos y conferencias sobre Modificaciones Fiscales.

Fueron instantes donde la política económica del país padecía de un centralismo extremo.

La Secretaría de Hacienda, por ejemplo, cada fin de año promovía reuniones con los presidentes de los Colegios de Contadores Públicos, así como con otras instituciones que tenían cierta injerencia en el área contable del país.

Para ello, en una mesa solemne, llegaba a contabilizarse la presencia de más de 50 representantes, los cuales se distribuían en una primera hilera, seguidos por una segunda donde se ubicaban secretarias que tomarían nota de las consideraciones o recomendaciones que los especialistas en Contaduría darían a las autoridades fiscales del país.

El encuentro duraba todo un día y se prolongaba durante toda una semana, al final de la cual se les agradecía su participación y disposición por interesarse en las reformas a la Ley del Impuesto sobre la Renta y otros asuntos de carácter fiscal. A las semanas siguientes, aparecían ya publicadas las nuevas modificaciones al ISR, pero lo hacían sin ninguna de las recomendaciones hechas por los principales Colegios del país, simple y sencillamente fueron menospreciadas. Todo era un tiempo perdido y un montaje sobre la falsa política de colaboración, fraternidad y confianza en los que en verdad conocían sobre los asuntos contables de esta nación.

Con este tipo de estrategias gubernamentales, se pretendía hacer saber a la ciudadanía que, cada una de las políticas económicas elaboradas a favor de los mexicanos, eran avaladas por el consenso de las organizaciones profesionales que existían en el país.

Para el presidente López Portillo las finanzas públicas se gestaban en Los Pinos. Con esto desairaba la capacidad profesional de cada uno de sus secretarios, ya fuera de Economía, de Programación y Presupuesto o de Hacienda. El era el principal regidor del destino económico del país, cuyos resultados ya son por todos conocidos y deplorados. El Presidencialismo en todo su esplendor.

Un claro ejemplo de ese desinterés gubernamental, era cuando se celebraban convenciones de la AMCP, para las cuales se tenía la atención de invitar a funcionarios de dependencias especiales que, por obligación, deberían estar comprometidos con la iniciativa de cada una de las agrupaciones de profesionistas de México, pero que por el contrario, siempre menospreciaban y decidían enviar en su nombre a otro funcionario que, en muchas ocasiones, no tenía nada que ver con el tipo de acto que estaba a punto de realizarse. No había apoyo.

Dado a que los Estatutos de la Asociación eran flexibles, no se exigía la presencia obligatoria de los asociados, por lo que en muchas ocasiones las reuniones generales sólo eran conformadas por la mitad de la plantilla total. Para aquel entonces, la principal consigna de la Asociación era mantener vivas sus funciones y promoverlas en el interior de la República.

Manuel Gómez Fernández recuerda que en alguna ocasión la Asociación fue invitada para tomar protesta de un nuevo Colegio en San Luis Potosí, par lo cual fue acompañado por Jorge Santamaría García a dicho evento. Una vez ahí, el acto fue celebrado en un restaurante, ya que no contaban con un auditorio, ni tampoco con unas instalaciones adecuadas para ello. En aquel instante, un grupo musical amenizaba el ambiente de todos los comensales, por lo que el presidente de la AMCP le hizo callar para llevar a cabo la ceremonia. Así de precaria e incipiente era la situación de alguno de los nuevos Colegios que se fundaron a iniciativa de la Asociación.

Pero la voluntad de mantenerse en el camino hizo que algunos presidentes, como Gómez Fernández, pensaran en promover a la Asociación a través de las apariencias, es decir, cuando se invitaba a conferencistas de renombre era meritorio un auditorio con mayor capacidad, e incluso, ubicado en hoteles de gran prestigio para darles la importancia que merecían los invitados al igual que los asistentes, por lo que si a final de cuentas los ingresos no eran los suficientes para cubrir los gastos del evento, el organizador se veía obligado a cubrir de su bolsillo el faltante. El grado de fracaso era latente.

En aquellos tiempos, la organización de cada una de las convenciones de la Asociación estaba a cargo del Colegio de México, mismo que gestionaba la participación de los ponentes, imprimir las ponencias, concertar la reservación en hoteles, promover la asistencia de invitados, además de manejar la tesorería.

Es precisamente en este bienio que se plantea la idea de la introducción de un logotipo que distinga la presencia de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos, así como a todos aquellos colegios que se vayan agregando, todo con la finalidad de crear una imagen que con el tiempo distinga a la Contaduría Pública y a la sociedad misma.

La idea general de lo que sería el logotipo de la AMCP se gesta justo en los primeros dos años de existencia del Colegio, en el período de Jaime Bladinieres , pero es hasta Manuel Gómez Fernández que el anhelado proyecto toma forma y se convierte en una muy satisfactoria realidad. El Sol Azteca había de ser el estandarte representativo de la Asociación.

Entre las peticiones que la Asociación exigía para los sustentantes de exámenes profesionales estaba la modificar el texto que se leía para la toma de protesta de los profesionistas, en el sentido de que estos últimos deberían jurar el cumplimiento del Código de Ética del Instituto Mexicano de Contadores Públicos, es decir, el compromiso profesional de los egresados era violado, debido a que se daba lectura a una epístola de un Colegio al que no se estaba afiliado.

La AMCP siempre ha manifestado su inconformidad con respecto a la asignación de personas a puestos directivos en los planteles de educación superior, tal fue el caso del nombramiento de un ingeniero para el puesto de Director Administrativo del Instituto Politécnico Nacional, en virtud de que dicho cargo, según la Ley Orgánica del IPN, sólo sería ocupado por un Contador Público. Igualmente se hizo una protesta ante la Cámara de Senadores por la modificación del proyecto de Ley de la Contaduría Mayor de Hacienda, ya que ahora permitía desempeñar el cargo a otras disciplinas completamente ajenas a la Contaduría Pública.

Hasta la fecha, la Asociación sigue expresando su punto de vista sobre este tipo de movimientos administrativos, dado que los cargos públicos, desempeñados por personas cuya preparación profesional está muy distante de la función que realizan, terminan por brindar resultados muy pobres o en el mayor de los casos, son un fracaso.

Para 1979, la buena fortuna, pero sobre todo, la excelente capacidad profesional de los miembros de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos, tuvo sus resultados, al ser nombrados dos de sus integrantes, uno como Subcontador Mayor de Hacienda y otro como participante del Consejo Técnico Consultivo de Contabilidad Gubernamental.

Entre los proyectos asesorados por los asociados del Colegio se encuentra el de la Universidad Nacional Autónoma de México, para el establecimiento de la Maestría en Contaduría, además del de la Auditoría Fiscal Federal , para analizar el instructivo para el llenado de la forma para solicitar autorización de dictamen ante este organismo.

La AMCP vio nacer en este período a varios colegios de contadores distribuidos en el interior de la República, mismos que simpatizaban con la tendencia nacionalista de la Asociación, por lo que para la conformación de su Consejo Directivo, hicieron extensible la invitación al C.P. Manuel Gómez Fernández y al C.P. Jorge Santamaría García, para asistir a la toma de protesta.

De igual forma, se tuvieron grandes acercamientos con el licenciado Francisco Labastida Ochoa, Director de Promoción Fiscal de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, quien posteriormente fuera Gobernador del Estado de Sinaloa, Secretario de Estado y candidato a la presidencia de la República para el sexenio 2000 – 2006. Se trataron temas relacionados con cuestiones sobre Estímulos Fiscales.

Se empieza a planear la creación de la Federación de Asociaciones Mexicanas de Contadores Públicos, para lo cual se hace la invitación a varios colegios para que formen parte de ella. Uno de ellos fue el Colegio de Contadores Públicos de Tabasco, quien aceptó la convocatoria.

25 de octubre de 1979, Guadalajara, Jalisco. Al finalizar la V Convención de la Contaduría Pública Mexicana se dan a conocer los nombres de las personas que conformarán el Consejo Directivo de la nueva Federación , mismos que formaban parte del Colegio de Contadores Públicos de la Universidad de Guadalajara.

El nombramiento generó discordias entre varios miembros de la AMCP, quienes opinaban que el Consejo Directivo debería estar formado por asociados en la ciudad de México. La justificación fue que el primer Consejo Directivo debía ser integrado por un colegio hermano, para probar que la Asociación era una Institución demócrata, dispuesta a abandonar centralismos, tan criticados por el propio Colegio, pero que seguían existiendo en otros institutos de contadores.

El 13 de diciembre del 1979 se llevó a cabo en la Asociación Mexicana de Contadores Públicos una Asamblea General Extraordinaria para tomar acuerdo sobre la incorporación del Colegio a la Federación que se estaba constituyendo en la ciudad de Guadalajara. Varios colegios, asesorados por la AMCP, determinaron formar parte de dicha Federación, entre los que se encuentran en de Tabasco, Guadalajara, Tamaulipas, San Luis Potosí y Veracruz.

Miembros de la Asociación forman parte de las Conferencias para hablar sobre Modificaciones Fiscales y cambios en el Reglamento del Impuesto Sobre la Renta.

Una vez lanzada la convocatoria para elegir al nuevo Consejo Directivo de la Asociación, el 10 de enero de 1979, se recibe la inscripción de una sola planilla, la encabezada por el C.P. Jaime Bladinieres Jiménez, de acuerdo a los estatutos del Colegio, resultando dicha planilla electa y por lo tanto integrará el próximo Consejo Directivo.

Para la rendición de su último informe, Manuel Gómez Fernández recuerda que padeció de tremendos dolores de cabeza durante los tres días que duró la elaboración del mismo, pensando siempre en lo que debería declarar y que cerrara con broche de oro su gestión. Pasada la ceremonia, respiró profundamente, satisfecho de los logros alcanzados.

C.P. = “Contigo Participamos”.

C.P. Manuel Gómez Fernández

C.P.C. Aida Bartnicki de Castañeda
1982-1984
El inminente crecimiento de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos era toda una realidad. La perseverancia y la voluntad de los Consejos Directivos representaba más que un aliciente para los nuevos miembros. Existía una marcada preocupación por el futuro de la profesión y por la situación de los egresados de Contaduría diseminados por todo el país.

Era menester, pues, la necesidad de mantener los principios éticos de los contadores, los cuales deberían ser actualizados de acuerdo a los requerimientos sociales del país. En ellos se fundamenta la lealtad a la carrera, al país y a la ciudadanía; defendiendo, ante todo, el libre desenvolvimiento de la clase empresarial, apegada a las prestaciones y obligaciones que la política económica nacional establecía.

De allí la trascendencia de sustentar los ideales del Colegio, siempre con miras a salvaguardar las ambiciones y buen desempeño de sus asociados, pese a que los requerimientos materiales muchas veces pusieron en riesgo la existencia de la Asociación.

La AMCP dio cobijo a grandes personas, con grandes ambiciones y también con grandes proyectos. Directivos con una férrea personalidad que dieron a la Institución un gran impulso para llegar a la consolidación de que ahora goza.

Contrario a lo que se esperaba, el tiempo tuvo que mediar para despejar las diferencias entre aquellos, cuyas voluntades rebasaron los objetivos inalienables de la Asociación, y con los que mantuvieron la firmeza a favor de los Estatutos y el Código de Ética.

Hoy, esos directivos han tomado caminos separados, pero nunca se les negará el reconocimiento de su esfuerzo y la devoción con que se aplicaron en el trabajo, siempre con miras al bienestar y fortalecimiento del Colegio.

Aida Bartnicki de Castañeda, cuya preparación y dedicación absoluta significó un gran impulso para los servicios profesionales de la Asociación, fue un directivo muy singular. Con ella nace formalmente la Federación de Contadores, pero también con ella termina un episodio que, a final de cuentas, resultó ser lo mejor para poder retomar el camino, con miras a vislumbrar un panorama más claro con respecto a su relación con el Estado, pero sobre todo, con las principales universidades; semillero del futuro contable del país.

Realizó trabajos especiales en el norte de México, siempre pensando en la expansión de la AMCP. También hizo posible que el Colegio participara en las primeras Convenciones Latinoamericanas de Contadores Públicos, además de incrementar el número de socios.

Entre uno de sus cargos, se encuentra el de haber fungido como Auditora General del ISSSTE.

Durante el período de Aida Bartnicki la Asociación vivió un momento promisorio, pero que a la larga sirvió para detectar fallas en su seria permanencia dentro del ámbito de la Contaduría nacional. No existían bases firmes para confrontar las garantías que ofrecían otros colegios, además de que se detectó un período centralista, el cual subsistió durante varios años, hasta el rompimiento con la Federación.

El domicilio social de la Asociación, incluso, quedó en entredicho; material y moralmente estaba en la calle de Guanajuato, pero también se discutía de que pudiera localizarse en la calle de Jalapa, dado que ahí se encontraba la casa de Aida Bartnicki, desde donde, en su momento, despachaba los asuntos relacionados con el Colegio.

Ninguno de los Directivos menospreció el celo con que cobijo el trabajo de su administración y a su membresía misma, pero la AMCP emergió para crear una consciencia y sobrellevar los asuntos contables del sector económico del país, pese al tiempo que este ideal conlleve. Nunca entre sus fundadores, y ahora dirigentes, existió la inquietud de crecer a costas de lo que fuera, pero sí habría la posibilidad de evolucionar, sería de una manera firme y clara, con miras a un futuro lleno de logros.

C.P.C. Miguel Ángel Flores Morales
1984-1986
LA TRAGEDIA DEL 85
Aún no hemos hablado de las primeras oficinas oficiales que albergaron a la Asociación Mexicana de Contadores Públicos.

Sabemos que sus inicios no fueron del todo halagadores, ya que hubieron de pasar momentos de verdadera austeridad, no sólo por carencia de mobiliario de oficina, sino también por falta de una sede oficial que le diera el peso como razón social. Por instantes, algunas oficinas de ex presidentes sirvieron como punto de encuentro para llevar a cabo las reuniones semanales.

Hubo una primera sede, ubicada en las calles de Guanajuato 224 – 4to. Piso, colonia Roma, sitio donde se localizaba toda la relación de los asociados, además de una amplia biblioteca contable, resultado de obsequios y donaciones que los mismos miembros de la Asociación hacían el favor de proporcionar.

En la mañana del día jueves 19 de septiembre de 1985, a las 07:19 horas, la ciudad de México se conmocionó con un devastador movimiento telúrico de 8.1 grados en la escala de Richter y que tuvo una duración aproximada de poco más de 2 minutos, y cuya réplica fue el día viernes 20 de septiembre a las 19:38 horas, con una magnitud de 7.9 grados en la escala de Richter.

La zona más afectada de la capital fue el Centro Histórico, además de las colonias aledañas como la Juárez, la Morelos y la Roma.

Aquella mañana la gente que deambulaba por las calles lo hacía con los rostros desencajados, algunos con lágrimas a punto de brotar y otros tantos, todavía no terminaban por entender que aquel sismo cambiaría para siempre la percepción que tenía el capitalino por los continuos movimientos de tierra en el Distrito Federal y en el resto de la República. Esta vez todo fue distinto. Por primera vez la naturaleza había mostrado su lado oscuro en la ciudad de México.

Los que alcanzaron a salir de los inmuebles narran aquella experiencia como algo en verdad aterrador. A su paso se escuchaba el crujir de las vigas, se podía presenciar la tierra que caía de los techos y de los muros, vidrios que se rompían, autos que se movían hacia delante y hacia atrás, y al final, un silencio mortal; tan sólo algún perro que ladraba a lo desconocido.

Los primeros reportes, para aquellos que aún conservaban electricidad en sus casas o trabajos, se transmitieron todavía sin ninguna novedad, pero para cuando el helicóptero de Monitor de Radio RED alzaba el vuelo sobre la colonia Roma , una amarga realidad cambió por completo el devenir diario de la Capital y del país mismo: el Centro Histórico había sido desbaratado.

Las líneas telefónicas se afectaron por completo, el suministro de agua potable brotaba de las tuberías y comenzaba a inundar algunas calles, la energía eléctrica había sido cortada y ya se empezaban a escuchar a las primeras ambulancias que acudían al lugar del siniestro, aún sin haber sido llamadas por teléfono.

Cientos de edificios y casas habitación fueron afectadas por el sismo. Algunos inmuebles aún permanecían en pie, pero sus pisos estaban colapsados, uno encima del otro; un sanwich de piedra y metal retorcido. Los daños más graves se hallaban en aquellas estructuras que habían cedido al movimiento y terminaron por venirse abajo, sobre miles de automóviles que yacían a sus pies.

Los primeros servicios de emergencia, a cargo de socorristas y bomberos, se concentraban a desalojar a las personas de los sitios más peligrosos o donde las construcciones corrían el riego de caer en cualquier momento. Asimismo, el olor a gas comenzaba a distinguirse y el fuego hizo presa de aquellas edificaciones que estaban gravemente dañadas.

El Ejército Mexicano hizo su aparición varias horas después de haber iniciado la destrucción. Persistía aún una completa desorganización. Se trabajaba en todos los puntos de la catástrofe y a su vez en ninguno. Simple y sencillamente no existía coordinación entre autoridades y el servicios de emergencia, al grado de que la ciudadanía misma tuvo que tomar en sus manos la responsabilidad de auxiliar a sus semejantes sepultados bajo toneladas de escombros, 48 horas antes de que la ayuda del exterior llegara a nuestro país.

La colonia Roma, reiteramos, tuvo severas pérdidas. Muchas casas prácticamente se partieron en dos y otros tantos edificios quedaron en un estado de alto riesgo, por lo que tuvieron que ser desocupados y resguardados por el propio ejército.

El inmueble que albergaba a la Asociación Mexicana de Contadores Públicos corrió la misma suerte: sus muros se agrietaron, sus cimientos se fracturaron y la estructura completa se inclino; no había la posibilidad de una remodelación. El edificio se vendría abajo en cualquier momento.

Para aquel entonces, el presidente del Colegio, el contador público Miguel Ángel Flores Morales tenía en sus manos la responsabilidad de administrar y proteger el patrimonio, hasta entonces recabado, de la Asociación, por lo que tomó la arriesgada decisión de recuperar, en lo posible, todo documento necesario para la consecución de las funciones de la AMCP, incluso a costa de su propia vida.

Con la determinación tomada, el contador Miguel Ángel Flores pidió la autorización a los miembros del ejército que resguardaban el edificio para poder accesar a sus oficinas. El permiso fue concedido bajo su propio riesgo.

“Era una extraña e impactante sensación el caminar sobre pasillos agrietados e inclinados y estar en presencia de aquellos muros agrietados que alguna vez cobijaron a nuestra sede”.

Al entrar a recinto donde se hallaba las oficinas de la Asociación, claramente se podía vislumbrar los destrozos que aquel sismo había dejado. Los libreros que contenían todo el acervo bibliográfico se habían desprendido de los muros y se precipitaron al piso y sobre algunas máquinas de escribir.

Se pudieron recuperar algunos libros, recibos de pago de los socios, así como parte del directorio de la Asociación. Ya no existía un domicilio fiscal.

Tiempo después, se contactó al diputado Hugo Castro Aranda, quien amablemente ofrece un alojamiento a la AMCP en la calle de Las Flores, colonia San Angelín. La nueva oficina contaba con una habitación, un pequeño jardín y una cafetería. Es así que el Colegio retoma sus funciones y mantiene su bandera en alto. La renta del recinto fue simbólica.

El traslado del material recuperado de Guanajuato 224 fue a través de una mudanza que el mismo Miguel Angel Flores pagó de su bolsillo. Del Foro Nacional de Colegios de Profesionistas se rescata algún mobiliario y se instala en la nueva oficina.

Una vez retomadas las actividades el contador Flores Morales fue objeto de muchas críticas por no haber realizado el número de eventos necesarios para restablecer la planilla original de miembros de la Asociación, ya que además, ningún socio había contribuido con la renta simbólica de la nueva oficina o para el traslado de mobiliario; de hecho, fue necesario el uso del teléfono particular para contactar a cada uno de los socios.

La situación económica era muy precaria. Dado que los cursos no eran obligatorios, la gente tan sólo asistía porque quería actualizarse voluntariamente y el costo de estos era muy bajo, por lo que el ascenso sería muy complicado; una tarea muy difícil para el próximo Consejo Directivo.

No había ningún tipo de compromiso con la filiación al Colegio, sus presidentes muchas veces tenían que costear los gastos.

Dos de los mejores colaboradores del Miguel Angel Flores Morales fueron los contadores Aida Bartnicki y Jesús Patiño Soto.

“No hay enemigo pequeño, más no utilices tu puesto para hacerte de enemigos”.

Miguel Angel Flores Morales

 

C.P.C. y Lic. Jesús Patiño Soto
1986-1988
Un año después del Terremoto de la ciudad de México, prevalece una crisis económica muy grave en el Colegio y un problema de control que pone en peligro la existencia de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos. Es necesario un proyecto de reconstrucción.

El sismo que derrumbó el edificio sede de la Asociación en la calle de Guanajuato, tuvo como consecuencias la pérdida de expedientes, de información valiosa y sobre todo, del contacto con cada uno de los asociados, quienes dejaron de pagar sus cuotas.

Ante estas circunstancias, era nulo el interés por tomar las riendas de la AMCP. Todos aquel que, alguna vez tuvo el anhelo de dirigirla, ahora se enfrentaba a un profundo sentimiento de impotencia, pudiéndose hablar, incluso, de una segregación de contadores.

La delicada situación ameritó una reunión de fundadores y otros talentosos asociados, quienes habrían de decidir sobre el futuro del la Asociación. Alguien tenía que asumir la presidencia del organismo.

El contador público Jesús Patiño Soto asume el compromiso de lanzar su candidatura, la cual no tuvo oposición.

La falta de recursos era latente. No se podía dar continuidad al ejercicio del Colegio sin una estabilidad material, por lo que Jesús Patiño Soto decide asignar un espacio de sus propias oficinas en la calle de Durango 209, en la colonia Roma para que se concediera el domicilio social de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos. Asimismo el contador, ahora presidente, utiliza un auditorio, también de su propiedad, para restablecer los cursos y conferencias de la Asociación, mismo que se ubica en la calle de Durango 245.

Es en este período que se acuerda la realización anual de un informe por parte del presidente del Consejo Directivo, a través del establecimiento de una asamblea de asociados, ya que anteriormente no se hacía de esa manera. Se trataba de dar a conocer los avances y situación financiera que guardaba la Asociación. El informe se brindaba en un Foro abierto con la presencia de todos los miembros del Consejo Directivo, así como de todos los miembros del Colegio.

La rendición de este dictamen anual se suspendió por varios años, pero fue reinstalado a finales de la década de los noventa.

Para finales de 1986 se lleva a cabo un primer evento multitudinario para reincorporar a los asociados al Colegio, a través de un curso denominado “Expectativas Fiscales y Económicas 1987” , obedeciendo a los lineamientos de la política fiscal federal, para el cual fue invitada la economista Nilda Morell como expositora, comentarista del programa radiofónico Monitor de Radio Red, que conducía José Gutiérrez Vibo, asi como el mismo Jesús Patiño Soto, llegando a tener un quorum de más de 120 personas.

Consecutivamente se impartieron tres conferencias más, generando los mismos resultados, lo que permitió obtener los primeros ingresos después de la catástrofe de 1985.

En enero de 1987, aprovechando la coyuntura de una importante reforma fiscal sobre la Ley del Impuesto sobre la Renta, enviada por el presidente Miguel de la Madrid Hurtado , y tomando en cuenta de que en el país la inflación anual era por encima del 150 por ciento, se establecen dos bases para determinar el ISR: la base tradicional y la base nueva, que reconocía los efectos inflacionarios.

Luego entonces, la carga fiscal era pagar en 80 por ciento el impuesto resultante en la base tradicional y el 20 por ciento restante en la base nueva, lo que condujo a la membresía de la Asociación a regresar a la sede para actualizarse sobre las nuevas reformas fiscales, pero también aquellos que no pertenecían al organismo.

El 27 de enero de 1987 el titular de la AMCP, Jesús Patiño Soto, invita a tres autoridades de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público: al Secretario de Ingresos, Jaime Serra Puche; al Director del Impuesto sobre la Renta, Ruben Aguirre y al encargado de la Dirección de Política de Ingresos, Fernando Sánchez Hugarte, para plantearles todas las fallas que por experiencia fiscal se observaron en esas nuevas reformas.

La Asociación, representada por su presidente, Jesús Patiño Soto, planteó ciertas acotaciones sobre la necesidad de realizar modificaciones a las Reglas de la Resolución Miscelánea , las cuales fueron el sustento base para la Miscelánea Fiscal 1986 – 1987, acreditándose dicha contribución al Colegio, ya que el mismo Secretario de Ingresos, Jaime Serra Puche, reconoció su poco dominio sobre la Ley del Impuesto sobre la Renta.

Para el año de 1987, el Consejo Directivo de la AMCP nombra Gerente Administrativo al contador Rodolfo Martínez Ruvalcaba, quien renunció al despacho donde se hallaba trabajando para hacerse cargo de la reconstrucción de todos los archivos del Colegio. Para cumplir con este cometido, se adquirió un sistema de cómputo, en parte con los recursos de que se disponía y en otra por la donación que hicieron los contadores Hugo Ruiz, Eduardo Martínez Celis, Manuel Gómez Fernández y el mismo Jesús Patiño Soto.

Para recuperar a los antiguos y nuevos socios, se llevaron a cabo una serie de eventos, donde se les pedían todos sus datos, a fin de contar con un listado fidedigno actualizado, llegando a concretar una membresía de 600 contadores públicos, de los cuales el 20 por ciento dictaminaba para efectos fiscales.

Justo en esos momentos, la entonces Dirección de Auditoria Fiscal Federal solicitó a la Asociación el envío del directorio con el nombre de los contadores que se dedicaran al dictamen para efectos fiscales, mismo que se concretó satisfactoriamente y que sirvió de base para posteriores bienios en que se facilitó el manejo y control de los asociados.

Además de continuar con la realización de cursos y conferencias para los asociados y no asociados, la AMCP organiza, en agosto de 1987, a mandato de la Federación, la Convención Nacional de la Contaduría Pública en la ciudad de Cuernavaca, Morelos, para lo cual se invitó a conferencistas de la talla de Carlos Orozco Felgueres, Luis Pazos, el Notario Público del Distrito Federal, Othón Pérez Fernández del Castillo, a Octavio Aguirre, destacado financiero del momento, además de la participación de Jesús Patiño Soto.

De manera formal, se edita por primera vez la revista de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos, Excelencia Profesional, bajo la responsabilidad del contador público Hugo Ruiz. En ella se tocan temas de actualidad, tales como los fiscales, administrativos, contables y hasta de carácter legal.

Como parte final de su período al frente de la Asociación, el Consejo Directivo del contador Jesús Patiño Soto gestionó ante el entonces Regente de la ciudad de México, Ramón Aguirre, la adquisición de un predio para establecer permanente las oficinas del Colegio.

El funcionario capitalino tuvo el fino detalle, a manera de equidad, de donar un terreno de 1 000 metros cuadrados , ubicado en la avenida Tezozomoc de la colonia Azcapotzalco , amparado por un oficio que se firmó en el mes de agosto de 1988, el cual fue entregado en el informe anual que se rindió en la Asamblea Ordinaria a todos los asociados y recibido por el nuevo presidente del Consejo Directivo, el contador Jorge Santamaría.

Lamentablemente, durante este nuevo período no se dio seguimiento al trámite de donación, dado que este terreno se debió transmitir en propiedad a la Asociación, mediante escritura otorgada ante la fe de un Notario Público.

Cabe mencionar que el Regente capitalino tuvo este gesto de equidad para con la AMCP, en virtud que ya anteriormente él había donado otro terreno en Bosques de las Lomas al Colegio de Contadores Públicos de México, mismo que actualmente utilizan como domicilio de su razón social.

La Dirección de Auditoria Fiscal, en su área de dictámenes, convocó a finales de 1988 a la Asociación Mexicana de Contadores Públicos y al Colegio de Contadores Públicos de México A.C. con la finalidad de que ambas agrupaciones plantearan la propuesta de cómo deberían de ser los anexos para integrar el cuaderno que contendría el dictamen fiscal de estados financieros.

Para tal efecto, el Colegio creó una comisión integrada por Hugo Ruiz, Aida Bartnicki, Eduardo Martínez Celis y Manuel Gómez Fernández. Dicha comisión debería de proponer los nuevos anexos del dictamen, derivados de la Reforma Fiscal que entró en vigor en el año de 1987, toda vez que la Ley del Impuesto sobre la Renta estableció dos bases para calcular el impuesto.

Lamentablemente, se dio preferencia a los anexos del Colegio de Contadores Públicos, hasta que el director del área de dictámenes, contador público Ramón Márquez, escuchó la propuesta de Jesús Patiño Soto, en representación de la AMCP. Y en una sesión abierta con la presencia de todos sus colaboradores, se reconoció que los papeles de trabajo y las conciliaciones que la Asociación había planteado fueron muy superiores a las del otro Colegio.

Los anexos de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos fueron aprobados. A partir de ese momento toda la Contaduría Pública mexicana habría de dictaminar a partir de estas modificaciones, lo que generó un conflicto entre el Colegio de Contadores Públicos de México y el propio Ramón Márquez, sin embargo este funcionario señaló que el trabajo realizado por la Asociación fue superior, por lo que fue aceptado a final de cuentas.

Se cubrieron deudas de años anteriores y actuales, por lo que las funciones de la AMCP deberían hacerse con mucho mayor tranquilidad.

Se regularizó el pago de las cuotas de todos aquellos que decidieron formar parte activa del Colegio, mientras que por otro lado, se suspendió de sus derechos a todos aquellos asociados morosos que no cumplieron con sus pagos.

“El mérito de todo Colegio es tener una representación, un reconocimiento de la membresía y un reconocimiento gubernamental, porque si no es así, pasará sin pena ni gloria”.

“Un buen Colegio trabajará por el bien de la membresía, por el bien de la Contaduría Pública , por el bien de un país; que aporte ideas, que aporte reformas y que aporte principios en que se sustente esta profesión”.

Jesús Patiño Soto

 

C.P.C. y Lic. Jorge Santamaría García
1988-1990
La solidaridad y los objetivos de defensa de la diversidad de criterios en la profesión, hicieron que el contador público Jorge Santamaría García, se agregara a los objetivos de esfuerzo económico y de colegiación de la Asociación.

Como metas, Jorge Santamaría se estableció la de crear la revista del Colegio y la especialización académica en dictamen de estados financieros.

Se destaca el gran éxito que tuvo la Contaduría a nivel nacional, al tener un foro donde se podría acrecentar la capacidad técnica de los asociados y a la responsabilidad profesional de capacitarse continuamente, generando un poco más de 120 contadores que ya dictaminaban.

Es en este período que, para efectos federales, se aprueba por primera vez un reglamento de participación obligatoria con acumulación de puntos para conservar la calidad colegiada, único en toda la República y que pertenecía a la Asociación.

Tras el paso de dos etapas cruciales – la fundación y el terremoto del 85- la Asociación Mexicana de Contadores Públicos vive nuevamente problemas de estancamiento.

La revista y otros proyectos fueron más modestos; el principal problema era el económico. Apremiaba la situación financiera que coartaba la proyección de la Asociación en otros ámbitos, por primera vez en varios años, por su propia sinergia tuvo números negros.

En el año 1988 no fue fácil para el país, ni para el Colegio vivir la convulsión histórica política, por el posible fraude electoral y la famosa “caída del sistema”, aún cuando no se acababan de sanar las heridas dejadas por el sismo del 85.

Los asociados vivieron en carne propia la situación económica del país; estaban más preocupados por conservar sus actividades profesionales, que por realizar esfuerzos dentro de la Asociación.

Es así que en la AMCP los ingresos exiguos tuvieron que ser administrados con mucha eficiencia, control y cariño a la camiseta. Los consejeros en el bienio 1988 –1990, salvaguardaron y conservaron lo más valioso del colegio: los asociados.

“Cada uno, en cada época afrontó diversos retos; yo entendí los míos, como el de darle vida propia, no prestada”.

“Si tuviera la oportunidad de volver a esos tiempos, aportaría los mismos sentimientos, los mismos esfurazos y la misma idea: Consolidar a nuestra Asociación”.

Jorge Santamaría García

C.P.C. Homero Galindo Ramirez
1990-1992
Falta

C.P.C. Ricardo Mangas Peña
1992-1994
Falta

C.P.C. Noé Leicer García
1994-1996
Aunque los cursos y conferencias no dejaron de llevarse a cabo, la Asociación no presentaba un ascenso como en los primeros años de fundada; existía, pero no estaba caminando.

Como sabemos, el nacimiento del Colegio y consolidación nace a partir de la emancipación de la Contaduría mexicana de los despachos extranjeros, objetivo que se logra a partir de la iniciativa de Luis González Dávalos y Jaime Bladinieres , principalmente, y del empeño de Aida Bartnicki, quien atrajo la colaboración de compañeros de generación y amigos para convertirse en asociados.

A partir de la unión de estas dos voluntades es que surge una Federación, la cual agrupaba a Colegios de otros Estados de la República. El futuro era muy promisorio. Todo dependía de los próximos consejos directivos.

Para finales de la década de los 80's y principios de la década de los 90's la AMCP se mantenía fiel a sus procesos de actualización sobre las reformas fiscales del Estado, pero su objetivo de allegarse el mayor número de contadores posible estaba viviendo un momento de estancamiento. El número de asociados no crecía al ritmo que se esperaba o que al menos al que se le imprimió en años anteriores.

Como lo mencionamos en su momento, la adjudicación de manera notarial del terreno donado por el entonces Regente de la ciudad de México, Ramón Aguirre, no tuvo seguimiento y terminó por perderse en el papeleo, para finalmente quedar en el olvido.

Por otro lado, el futuro profesional de los egresados de Contaduría continuaba siendo incierto o dependía por completo de los despachos extranjeros, ya que al salir de la Facultad, los contadores públicos mexicanos ingresaban a las pequeñas empresas transnacionales como auxiliares de contaduría, dejando ahí todos sus anhelos de superación.

Es así que la AMCP comenzó a fungir como una bolsa de trabajo para las empresas que solicitaban a un contador, con la plena seguridad de que encontrarían a un profesionista preparado y emprendedor. Todo dependería de ellos mismos, pero siempre bajo los principios de nacionalismo, aún y cuando trabajara en los Estados Unidos.

En muchas de las ocasiones se repetía el mismo fenómeno, una vez que cumplían un ciclo laboral, el contador público mexicano buscaba su independencia e iniciaba su búsqueda de clientes propios.

Una peculiaridad de esta época versaba en la confrontación de ideas acerca del desempeño e ideología nacionalista, siempre anteponiendo el Código de Ética de la Asociación a fin de no vender la firma. Las convenciones se transformaban en pleitos tremendos por los procedimientos contables a falta de nacionalismo.

Por otro lado, muchos profesionistas contables no valoraban del todo la posibilidad de la actualización continua sobre nuevos aspectos fiscales, por el contrario, la idea de pagar una cuota por pertenecer a un Colegio les parecía un gasto innecesario, luego entonces, los conocimientos adquiridos a nivel superior se iban perdiendo paulatinamente, y una vez que esto sucedía, la reincorporación a la Contaduría contemporánea resultaba ser un verdadero sacrificio, sacrificio que muchos optaban por no hacer y decidían emprender otro tipo de actividad económica.

Para principios de la década de los 90's la situación de muchos colegios de contadores cambiaría por completo, asimismo en la propia Asociación Mexicana de Contadores Públicos.

Se establece de manera oficial la obligatoriedad de todo contador público de pertenecer a un Colegio para su continua actualización, tal y como se asienta en 1991 en el artículo 32-A del Código Fiscal de la Federación.

De esta manera, la comunidad activa de la Asociación inicia su regularización en el pago de sus cuotas, y aquellos que tan sólo estaban inscritos, inician sus trámites correspondientes para cambiar su situación dentro del Colegio.

Es así que el número de fondos comienza a llegar a la AMCP, a partir de los pagos compensatorios por los cursos obligatorios que se venían impartiendo y que eran establecidos por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Con esta reforma al Código Fiscal se vuelve pensar en la realización de nuevos y muy importantes proyectos, entre los cuales se encontraba la adquisición de un terreno para levantar la sede oficial de la Asociación, así como la contratación de conferencistas y expositores de gran prestigio y capacidad profesional.

La nueva visión y el compromiso de crecimiento del Consejo Directivo precedido por el contador público Ricardo Mangas Peña motivaron la realización de uno de los proyectos más ambiciosos del Colegio: tener su propio terreno para levantar el inmueble que alojaría permanentemente a la Asociación.

Un miembro del Colegio advirtió de la posibilidad de compra. El costo de dicha superficie fue de 700 mil pesos, para ello fue necesario ajustar el monto de las cuotas anuales en un ciento por ciento. Ahora, con el doble de la recaudación se lograba disponer del total del monto para su pago en efectivo.

El terreno, que se localizaba en la calle de Esperanza # 765 colonia Narvarte contaba con un par de cuartos provisionales que sirvieron para continuar con las funciones de la Asociación, mientras que el resto del suelo se hallaba completamente desocupado, ya que los anteriores dueños lo utilizaron como taller mecánico.

Una mesa, algunas máquinas de escribir, un librero, entre otros utensilios de oficina, fue todo el mobiliario que se trajo a aquel inmueble para dar inicio a la nueva etapa del Colegio. A partir de este momento, los vientos soplarían más a favor que en contra. Ahora todo dependería de la ambición de cada Consejo Directivo.

Durante la gestión de Ricardo Mangas, por primera vez la AMCP tiene un gran acercamiento con el próximo presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León, quien en aquellos instantes fungía como encargado de la campaña del candidato priísta a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio, campaña que culminó con el trágico final que ya todos conocemos.

Fue durante la visita del vicepresidente norteamericano, Al Gore, que se le hizo patente a Ernesto Zedillo la forma de trabajo de la Asociación, asimismo se le hace la cordial invitación para participar en los foros de Contaduría Pública.

Durante esta administración del Colegio, se manda a realizar los primeros planos para el edificio de la Asociación.

Es precisamente durante régimen del contador Noé Leicer Grcía que se practican algunas modificaciones a los planos y se establecen los definitivos, para que en un futuro, y ya con los fondos suficientes, se iniciaran los trabajos de construcción.

Integrar un grupo fuerte de expositores para impartir los cursos de capacitación de los contadores públicos fue una de las prioridades del contador Noé Leicer. Para él, la mayor aportación del Colegio debería darse a través de actualización real y fidedigna de los asociados, quienes deberían contar con una buena participación en sus empresas con respecto a las modificaciones fiscales establecidas por el Gobierno Federal.

Por otro lado, con miras a expandir las funciones de la AMCP, se consolidan sus relaciones con otros organismos gubernamentales y no gubernamentales; reflejo del buen desempeño e innovación constante del Colegio.

A raíz de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, varios grupos de profesionistas de nuestro país, Canadá y Estados Unidos buscan concretar un acuerdo trilateral, que permita a los contadores públicos de estas naciones desempeñarse libremente más allá de sus fronteras, privilegio del que gozaban únicamente los arquitectos y los ingenieros.

Para ello, es la misma Asociación Canadiense de Contadores General, radicada en la ciudad de Ottawa, quien manifiesta abiertamente su interés para establecer contacto con la Asociación Mexicana de Contadores Públicos a fin de iniciar negociaciones que habiliten a la brevedad un acuerdo de esta índole.

Los beneficios de dicho acuerdo se verían reflejados en el establecimiento de programas de estudio que servirían a los miles de asociados, así como a los cursos que se ofrecen periódicamente, ventajas similares a las concretadas con otros países como China y Bermuda.

Tomando en cuenta de que en el país existían más de 200 mil contadores titulados y que sólo el 7 por ciento estaba colegiado, es en este bienio que el contador Noé Leicer García promueve, con mayor énfasis, la necesidad de contar con una Asociación nacionalista y completamente democrática, por lo que pretende acercarse a varias Universidades.

Es en este Consejo Directivo que la AMCP retoma sus objetivos principales.

“Satisfacción del deber cumplido”.

Noé Leicer García

 

C.P.C. Carlos Sandoval Estrada
1996-1998
Falta
C.P.C. Francisco Mecalco Nava
1998-2000
Falta
C.P.C. Luis Guillermo Delgado Pedroza
Mayo-septiembre de 2000
Falta

C.P.C. Hugo Ruíz Delgado
2000-2002
RECUPERANDO LA IMAGEN
Tras varios años de esfuerzos, logros y crecimiento integral, a partir de ingresos propios, la Asociación Mexicana de Contadores Públicos recibe uno de los golpes más duros de toda su historia.

El contador público, Francisco Mecalco Nava arriba a la dirigencia de la Asociación, tras una contienda muy conflictiva, ya que durante el período de la elección, su oponente y representante de la otra planilla, argumentó haber sido el virtual ganador, por lo que exige se reconozca su triunfo.

Una vez que el contador Mecalco toma posición de su cargo, la parte inconforme resuelve levantar una demanda en contra del Colegio, proceso que se extiende por cuatro años.

Durante el bienio 1998 – 2000, durante la presidencia de Francisco Mecalco, se engendra en el interior del Colegio un acto vergonzoso, que mancha por completo su imagen. Las cuotas de los asociados y las aportaciones monetarias por la celebración de cursos y conferencias no son registradas en los archivos contables de la Asociación, y por el contrario, existen grandes pasivos que hay que cubrir.

La Comisión de Honor y Justicia de la AMCP se reúne para deliberar sobre las medidas a tomar para con los responsables de tan deshonesto acto y determina separar del cargo al presidente del Consejo Directivo, así como a todo aquel que se hallase involucrado en el desvío de los fondos.

El contador Hugo Ruiz Delgado, nuevo presidente para el bienio 2000 – 2002, toma las riendas de la Asociación e implementa un análisis de la situación. El objetivo principal es reivindicar el nombre de la AMCP.

Como primer paso, se establece un acuerdo con la parte demandante, a fin de enfocar todo el esfuerzo en el saneamiento interno de la Asociación, así como fijar los nuevos lineamientos que deberán acatarse en el futuro para evitar que este tipo de actos pudieran llegar a repetirse.

De igual manera, la forma en que se venía trabajando dentro del Colegio, honesta y responsablemente; lejos de todo tipo de peculado, se corta, y se tiene que recurrir a los métodos tradicionales, a través de los registros contables, además de que los pagos de los asociados sólo se recibirían a través de cheques o tarjetas de crédito, nunca más en efectivo.

Por su parte, los estatutos son reestructurados, casi por completo, logrando una mayor fortaleza en cada una de las estructuras que conforman a la AMCP, pero sobre todo, en la parte que se refiere a la selección de personas que deseen formar parte de un Consejo Directivo.

Además se incorpora estructuralmente una Comisión de Responsabilidad Social, con la cual se pretende dar seguimiento a ciertas causas sociales que ameriten la intervención directa del Colegio.

Es así que la imagen de la Asociación empieza a recuperarse, renovando nuevamente la confianza de los asociados y la de nuevos contadores que se incorporaron tiempo después. Todo gracias al período de austeridad que se vivió, a tal grado, que todo gasto corría por cuenta de los mismos contadores: cada quien pagaba sus desayunos; cada quien cubría sus viáticos.

“Ahorra un peso hoy, porque vamos a hacer un edificio mañana”.

El número de cursos y su calidad se incrementó considerablemente, pero su costo disminuyó casi al 50 por ciento, lo que motivo que los ingresos crecieran en gran medida.

Un valuarte humano que merece todo reconocimiento y que hizo que los cambios tuvieran efecto fue la contadora Margarita Medina Lemos, quien se hizo cargo del proceso administrativo en el bienio 2000 – 2002. Ella instauró un control rígido, apegado a los nuevos lineamientos que aún rigen al Colegio, trayendo consigo la tranquilidad, reflejada en cada una de las conferencias que se impartían.

En cuanto a la relación con las autoridades fiscales, hubo acercamientos, motivados por la adecuación de la presentación de los dictámenes a través de la Internet. Asimismo , se manifiesta firmemente la posición de la Asociación con respecto a ciertas políticas hacendarias que caían en el término de la imposición.

Ante todo, se da un marcado ciclo en la relación con el Instituto Mexicano de Contadores Públicos, quienes comparten sus ideas con el Colegio a fin de formar un frente común en contra de las reformas fiscales que afectaban seriamente a la función de la Contaduría nacional.

Se dio un marcado progreso interno.

CONSTRUYE UN EDIFICIO
Durante la comisión del contador Hugo Ruíz Delgado, la claridad y el apego a los verdaderos valores que dieron inicio a la Asociación Mexicana de Contadores Públicos se renuevan y se fortalecen más que nunca, dando por resultado la recaudación de fondos que permiten la construcción del edificio sede, símbolo de la honestidad, el empeño y capacidad para salir adelante.

Se tramitan los permisos correspondientes y se deposita en un fideicomiso todo el capital recaudado hasta el momento, facilitando con ello el financiamiento de las obras de construcción, desde la primera hasta la última piedra, aún y después de haber terminado las funciones del Consejo Directivo en turno.

Provisionalmente, se instauran un par de alojamientos que sirven para las labores administrativas y para la impartición de cursos.

Los alcances de este bienio se deben a un grupo de personas que trabajó conjuntamente, en equipo, con la mística de austeridad y ahorro, cayendo, casi en la obsesión, en una fijación por el porvenir del Colegio.

“El Contador Público es un factor importante en la economía nacional, que no ha sido reconocido totalmente.

Nosotros somos un representante de la sociedad que, cuando conviene al Estado mandarnos por delante, somos unos evangelizadores con los contribuyentes para que paguen impuestos, pero el Fisco, cuando quiere, nos ve como gente coludida con el contribuyente para no pagar impuestos.

El contribuyente nos ve como agentes del Fisco cuando les decimos que tienen que pagar impuestos.

Somos un vínculo trascendente en la vida nacional, aunque no se nos reconozca”.

“Todo ciudadano mexicano, en algún momento, debe retribuir al país lo que éste le ha brindado”.

 Hugo Ruíz Delgado

C.P.C. Octavio Medina Estrada
2002-2004
Después de treinta y dos años de vida, la Asociación se encuentra en una posición privilegiada, tanto profesional como económica, lo que le permite incursionar en las áreas de la capacitación, certificación y reconocimiento institucional.

A partir de este momento la Asociación Mexicana de Contadores Públicos se ve comprometida a buscar mecanismos que permitan responder al compromiso social, al proporcionar un servicio de calidad a cada uno de los asociados.

Tras haber participado como vocal durante la gestión de Manuel Gómez Fernández, Octavio Medina Estrada, a petición de Hugo Ruíz Delgado, vuelve a formar parte del Consejo Directivo de la Asociación, y lo hace respaldando el rescate de la imagen del Colegio, tal y como se tenía previsto en el bienio 2000 – 2002.

Una vez que se rompe la inercia del Colegio por manejos indebidos de las aportaciones de los asociados, se emplaza a una reorganización administrativa y de activo fijo, consiguiendo una recaudación de poco más de cuatro millones de pesos, además de que se cubren deudas.

En el bienio 2002 – 2004, Octavio Medina , ahora como presidente de la AMCP, vive un instante sin precedente: tomar en sus manos la responsabilidad de continuar con el levantamiento de la estructura que hospedará a las oficinas de la Asociación.

Con estos antecedentes, el presidente y el Consejo Directivo se da a la tarea de culminar la construcción del edificio, además de dotarlo de mobiliario y equipo, para lo cual se dispone de un total de un millón 700 mil pesos.

Ya para el 19 de septiembre, justo 18 años después del fatídico terremoto del 85 que azotó a la Ciudad de México, es oficial la inauguración de la sede de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos. El acto es presidido por el contador público Jesús Mesta Delgado, Subsecretario de Desarrollo y Simplificación Administrativa de la Secretaría de la Función Pública y por el doctor Francisco José Paoli Bolio, Subsecretario de Desarrollo Político de la Secretaría de Gobernación, quienes procedieron a cortar el listón fundacional.

Asimismo, hicieron acto de presentación expresidentes del Colegio, el director de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM, Contador Público Arturo Díaz Alonso, además de autoridades federales, representantes educativos y directivos de la Federación Nacional de la Asociación Mexicana de Colegios de Contadores Públicos, A.C.

En cuanto a la nueva organización administrativa, en la Asociación se implantó una Dirección Ejecutiva y cinco unidades, mejor conocida como Unidad de Apoyo Técnico Operativo. A través de ella se establecería una estricta relación entre las áreas clave del Colegio, tales como las Vicepresidencias, las Comisiones y los Comités.

Como parte de esta reorganización, se establecieron programas para el ejercicio del bienio, con la finalidad de mantener un control de los informes y reportes por Unidad a fin de conocer los tiempos y grado de productividad de cada una.

En cuanto a capacitación, el periodo 2002 – 2004 se caracterizó por haber sido muy prolífico, dado a que se impartieron un total de 185 cursos, cuya demanda se clasificó entre asociados, personal de socio y profesionistas en Contaduría.

La Asociación impulsa el programa de Servicio Social para los futuros contadores, a través de su promoción y la renovación de convenios respectivos con universidades e instituciones de estudios superiores, además de que se participó en cinco foros y ferias de servicio social.

Es también en este período, que la demanda levantada en contra del Colegio recibe un fallo por parte del Poder Judicial, decretando que le sean respetados sus derechos al demandante, quedando en posición de poder ocupar la presidencia del Consejo Directivo.

El motivo de esta sentencia, obedecía a la desidia hecha por los anteriores presidentes a no responder a los citatorios girados por el juez correspondiente para la aclaración del caso, actitud que benefició directamente al demandante, culminando con la declaratoria antes mencionada.

Inmediatamente se promovió un cabildeo con todo el equipo de trabajo que, en su momento, acompañó al demandante a conformar la planilla, tratando de captar su opinión con respecto a la situación actual que se vivía en la Asociación, a lo que sus miembros respondieron con el apoyo incondicional al Colegio, dados los avances alcanzados desde entonces. Ante esto, el juez determinaría la pérdida de fundamentos y, en consecuencia, la nulidad de la demanda.

EL ROMPIMIENTO CON LA FEDERACIÓN
Cuando Aida Bartnicki decide formar la Federación, acude a la Dirección General de Profesiones a formalizar el trámite, pero no cubre los requisitos suficientes y el registro se obstaculiza. Pese a esta circunstancia, la entonces presidenta de la Asociación determina seguir adelante, aún sin el reconocimiento, quedando ella misma como dirigente vitalicia.

La Federación lleva a cabo actividades muy formales, como la realización de convenciones y a la reunión anual, mismas que preside la contador Aida , donde los colegios de provincia afiliados acuden con toda naturalidad, sin nada que argumentar sobre su posición ante la Dirección General de Profesiones.

Para el bienio 2002 – 2004, la AMCP a través de su presidente, Octavio Medina , le sugiere a Aida Bartnicki la necesidad de concretar la existencia de la Federación de Contadores, a fin de brindar seguridad al resto de los colegios allegados y a la Asociación misma.

Para tal fin, se efectúan reuniones con los Colegios de provincia a quienes se les expone la situación. Son tiempos en que la contadora Aida Bartnicki manifiesta cambios en su manera de pensar y de ver los ideales de una Contaduría Pública nacionalista; ahora ella ve en la presidencia de la Federación una alternativa para hacer política y buscar el respaldo de otros grupos de poder.

La Asociación Mexicana de Contadores Públicos le reitera a la contadora los principios por los cuales se había anexado a la Federación, pero pese a este argumento, todo lo que se recibió a cambio fue un desaire, a pesar de ser el Colegio con mayor fuerza dentro del organismo, con poco más del 50 por ciento de los asociados.

El papel que jugaba Aida Bartnicki dentro de la Federación era determinante, tanto de manera global como individual, dado que ella, prácticamente elegía a quien dar su apoyo para ocupar las presidencias a cada uno de los Colegios en provincia.

Cuando la Asociación decide aclarar su participación dentro de la Federación de Contadores, es que se aboca a la tarea de investigar la situación interna de este organismo, descubriendo que tan sólo contaba con seis o siete colegios reales, ya que el resto ni siquiera operaba con un número mínimo de asociados y mucho menos estaban registrados como tal.

Es así que la AMCP toma la iniciativa de promover una renovación en la estructura de la Federación, por medio de un fidedigno padrón de asociados por colegio, un calendario previamente establecido para la celebración de convenciones y conferencias, invitando, por su puesto, a expositores de calidad y, por último, una invitación, a formar parte del edificio sede de la Asociación, a todo aquel colegio que no contara con un domicilio social para atender sus asuntos.

Ante la propuesta anterior, Aida Bartnicki ve en la Asociación a un enemigo, capaz de establecer nuevas reglas y tomar el control, algo completamente alejado de las reales intenciones del Colegio. La relación se distancía.

Se descubre que la demanda interpuesta por el candidato a ocupar la presidencia de la Asociación para el bienio 1998 – 2000, había sido sostenida económicamente con dinero de la misma Federación y aprobada por la contadora Bartnicki.

En medio de esta marcada separación de ideas, la AMCP, a cargo de su presidente Octavio Medina , retoma nuevamente el tema de la certificación. Busca los medios y los contactos necesarios para conseguirla, y al hacerlo, provoca la molestia de Aida Bartnicki, consumando, de manera definitiva, la separación del Colegio y la Federación, mientras que la contadora Bartnicki anuncia, a su vez, su salida de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos.

Mención especial mereció la separación voluntaria del Colegio, en la cual se contó con la participación de todos los órganos de gobierno de la Asociación. Ellos , al igual que quienes integraron el Consejo Directivo y la Comisión de Vigilancia, nunca promovieron el rompimiento con la Federación como un objetivo primario, por el contrario, siempre se buscó en su interior la transparencia y legitimidad de sus aspectos normativos.

Debe hacerse hincapié en que la AMCP siempre estuvo consciente de la enorme responsabilidad que este acto representaba, siempre pensando en firmes propósitos que dieron origen al Colegio, y que nunca se ha pensado en abandonar los ideales nacionalistas para lo que fue creado, además de que, desde entonces, se ha concebido la posibilidad de reincorporarse a las filas de Instituto Mexicano de Contadores Públicos.

SE CONCRETA LA CERTIFICACIÓN
Uno de los anhelos más fuertes del la Asociación ha sido el proporcionar a sus asociados la posibilidad de certificarse vía examen, para lo cual se establece un convenio con la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM y se implementan actividades de capacitación para los asociados y profesionistas que desearan someterse a una preparación previa a la prueba.

Adicionalmente, el examen representó una excelente forma de promoción del Colegio, dado que los costos para los asociados y para el resto de los contadores, al efectuar este trámite, representaban una significativa diferencia con respecto a los de la competencia, además que la constancia de certificación estaba avalada por la Asociación Mexicana de Contadores Públicos y la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM.

El alcance de este logro se vislumbra, incluso, con el resto de los colegios de contadores, quienes inician los trámites para que sus asociados se certifiquen con la AMCP mediante la aplicación de este examen, al mismo bajo costo.

Para este bienio se certifican a 229 asociados y 214 se vuelven a certificar.

“Establecimos las bases para el redimensionamiento y reposicionamiento de la Asociación Mexicana de Contadores Públicos, Colegio Profesional en el Distrito Federal, A.C.”.

Octavio Medina Estrada